La Basílica de San Clemente en Roma

La Basílica de San Clemente es uno de los edificios religiosos más interesantes de Roma y se encuentra a pocos pasos del Coliseo. La visita es un descenso a través de varios estratos arquitectónicos de hasta 2000 años de antigüedad, hasta unos 18 metros bajo tierra. No es de extrañar, si se piensa que la parte arqueológica visible de Roma corresponde solo a un pequeño 10 % de los restos arqueológicos de la ciudad.
Quizá sea precisamente por este descenso a través de estratos cada vez más antiguos, enterrados y secretos por lo que Sigmund Freud comparó Roma con la psique humana.

La basílica superior

Se empieza por la basílica superior románica de San Clemente, con su bello cuadripórtico, construida en el siglo XII y dedicada al papa Clemente, el cuarto papa contando a san Pedro.

 

church of San Clemente

 

Dividida en tres naves, está llena de tesoros extraordinarios de distintos siglos: el grandioso mosaico del ábside, el Triunfo de la Cruz, uno de los más bellos e importantes de la Edad Media; la tumba del papa Clemente, cuyo cuerpo trajeron a Roma los santos Cirilo y Metodio, situada justo debajo del ábside; los monumentos funerarios renacentistas de los cardenales; la capilla de Santa Catalina de Alejandría, con los famosos frescos del siglo XV sobre la vida de la santa, obra de Masolino da Panicale, en los que algunos críticos reconocen también la mano de Masaccio; la Schola Cantorum, reconstruida en el siglo XII con mármoles del siglo VI procedentes de la basílica inferior, que aún llevan el monograma del papa Juan II; el espléndido techo del siglo XVIII de madera pintada y estucos, las intervenciones barrocas de Fontana y el pavimento cosmatesco.

La basílica inferior

Por una escalera se llega al nivel inferior, ocupado por la gran basílica del siglo IV. Tenía pórticos y columnatas, hoy en parte englobados en los muros de cimentación de la iglesia superior, y se usó como lugar de culto durante siete siglos, por lo que es rica en testimonios artísticos y arquitectónicos de distintas épocas.

 

Basilica-di-San-Clemente-Rome

 

El bello pavimento data del siglo VI y está hecho con piezas de mármoles de colores de todos los rincones del Imperio: Grecia, Egipto, Túnez, España y Francia.
El fresco de la Virgen Reina data del siglo VIII, y la sala con frescos donde está enterrado san Cirilo, evangelizador del mundo eslavo y creador del alfabeto glagolítico, del que deriva el cirílico que lleva su nombre, data del siglo IX.
A la iglesia se asocia también la leyenda del parto de la papisa Juana, que según la tradición llegó al trono papal a mediados del siglo IX haciéndose pasar por hombre, con el nombre de Juan. Cuenta la leyenda que, durante una procesión, a la mujer le sobrevinieron los dolores del parto y dio a luz a su hijo, fruto de su relación con un clérigo, su secretario, en la calle que une el Coliseo con San Clemente.

Un cómic ante litteram en los frescos de los milagros de san Clemente

Entre los frescos de la basílica inferior están los de finales del siglo XI dedicados a la Passio Sancti Clementis. Arriba se representa al pontífice oficiando en una iglesia donde, entre los fieles, está Teodora, convertida al cristianismo. Su marido, el prefecto Sisinio, furioso por la conversión, ordena capturar y golpear a Clemente, pero Dios lo impide cegando a Sisinio y a sus hombres (Gosmario, Albertello y Carboncello). Creen llevarse a Teodora y a Clemente, pero en realidad arrastran pesadas columnas. Sisinio arenga a sus hombres con consejos y palabrotas, en una inscripción entre el latín y la lengua vulgar que parece un auténtico bocadillo de cómic que comenta la escena pintada. Les dice: Fili de le pute, traite, Gosmari, Albertel, traite. Falite dereto co lo palo, Carvoncelle! («¡Hijos de puta, tirad! ¡Gosmario, Albertello, tirad! ¡Carvoncello, empuja por detrás con el palo!»), y Clemente responde en latín: Duritiam cordis vestri, saxa traere meruistis («Por la dureza de vuestro corazón, habéis merecido arrastrar piedras»).

 

The Miracle of the Boy in Clement's Temple

 

El lenguaje es popular y vivaz, precisamente para que la historia fuera comprensible para todos.

Los restos de época romana y el mitreo

Bajando aún más por una estrecha escalera que lleva al subsuelo, se llega a los restos más antiguos, los de época romana, en concreto al patio de una insula (un edificio de viviendas) desde el que se entra en un espacio dedicado al culto de Mitra, divinidad de origen persa destinada a redimir a la humanidad y a asegurar su salvación. Este culto estaba reservado a los hombres, preveía siete grados de iniciación y era muy popular entre soldados, esclavos y gladiadores (de hecho, estamos muy cerca del Coliseo).
Las reuniones de culto se celebraban en una cueva porque, según una tradición que tiene algunos puntos en común con la cristiana, el dios había nacido en una cueva el 25 de diciembre.
Todavía se conserva el altar con la imagen del dios que mata a un toro, cuya sangre derramada sobre la tierra favorece el nacimiento de nueva vida. A los lados hay bancos de piedra donde los iniciados se sentaban y consumían los banquetes rituales.

 

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En el siglo IV, cuando el cristianismo se difundió por todo el imperio gracias a la libertad de culto sancionada por el edicto de Constantino, la basílica se construyó sobre las estructuras preexistentes, pero el mitreo no se abandonó: siguió disponible para el culto pagano hasta el edicto de Teodosio, cuando el cristianismo se convirtió en la única religión legal.
Junto al mitreo está la escuela mitraica, donde los iniciados seguían las enseñanzas del culto y superaban las pruebas. Las salas estaban originalmente todas pintadas al fresco, pero por desgracia solo queda un fragmento pequeño y precioso que retrata una figura masculina con gran realismo.
Recorriendo un estrecho callejón se llega a una gran casa romana. También aquí las paredes estaban pintadas al fresco y aún se ven los estucos. Se oye además el rumor de un manantial subterráneo, que algunos relacionan con el lago de la Domus Aurea de Nerón, donde hoy se alza el Coliseo.

Aún más abajo se accede a otro nivel, formado por las estancias de una casa de hacia el año 50 d. C., destruida por el incendio de Nerón en el 64 d. C. Aquí, de hecho, los arqueólogos han encontrado grandes cantidades de cenizas y señales de fuego en los muros del edificio.
Pero las excavaciones no han terminado. Al nivel de la basílica superior están saliendo a la luz otras partes de edificios antiguos, como el cementerio excavado en los suelos y muros de la basílica, la enorme pila bautismal de cuatro metros de diámetro, casi una piscina, o el espléndido pavimento de mármol del antiguo baño papal.